sábado, 10 de noviembre de 2007

Castillo interior





Hay ciudades que invitan a meterse en los propios adentros, con solo pasear vas interiorizando en la propia realidad fortificada... pero también la piedra de sus murallas son frías y asperas, al igual que al interiorizar uno se encuentra con la sequedad y dureza de otras piedras que ha ido colocando la vida en el interior.

Ávila es un ejemplo notable de ciudad medieval fortificada; la concentración de los monumentos civiles y religiosos es excepcional. La "ciudad de santos y piedras" cuenta con numeroso románico y gótico de gran valor, que potencian su carácter místico-militar. Está situada en un promontorio que domina la margen derecha del río Adaja. Su morfología urbana es irregular, calles estrechas y sinuosas, y plazoletas que aportan luz natural. Pero si por algo es conocida esta ciudad universalmente, es por ser la cuna -en el siglo XVI- de Teresa de Cepeda y Ahumada, una mujer fuerte e intrépida, recia y austera, pero con una capacidad asombrosa para la ternura y la finura espiritual: Teresa, la de Jesús.

Pues ayer paseé por Ávila con añoranza de la ilusión de otro tiempo, de caricias que resultaron ser inciertas y de compañía que nunca estuvo dispuesta a compartir... A la vez hice un recorrido monumental por mí mismo: encontré toda una ciudad amurallada, un castillo interior empedrado, frío, duro, pero donde sobrevive una capacidad para la ternura que ha sido muy maltratada y menospreciada.

En el interior de este castillo sigo prisionero; sin embargo, hay mucha vida por emerger, mucha ilusión por compartir, mucha fe para impulsar... todo esto esta llamado a salir, a ser, a darse... pero no puedo olvidar que un castillo no deja de ser un instrumento de defensa y hostilidad, no es sitio para el amor...

Tengo, por tanto, que volver al Sur de donde vengo, donde las murallas no son tan altas y están encaladas de un blanco iluminador, donde la piedra queda redondeada por los golpes del Mar, donde el sol broncea el amor pues no hay castillo que lo pueda encerrar... donde Dios también sonríe.

Tengo que volver al Sur, a ese que no gustaba a la recia Teresa, pero donde la turbación pasa pronto, donde el espanto no tiene lugar y donde la paciencia forma parte del estilo de vida... de donde, en definitiva, Dios no se muda.

Nada te turbe, nada te espante,
todo se pasa, Dios no se muda.
La Paciencia, todo lo alcanza,
quien a Dios tiene, nada le falta.
Sólo Dios basta
.

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