La esperanza es una virtud muy poco sedentaria. Es más bien una virtud de los pies. Quien espera no se queda parado, sin hacer nada. Es la virtud de quien ante la evidencia de todo el mal del mundo, actúa hasta ver cambiar esa evidencia. Pero no es una virtud de tontos, sino de tercos. Nada ni nadie podrá convencer a la persona de esperanza de que es inútil esperar y confiar en el cambio. Es una virtud de constructores. De quienes anhelan que se cumplan las promesas de Dios con el esfuerzo de los que son sus manos en el mundo.Texto regalado por Carmen María
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