martes, 13 de mayo de 2008

Cansado, pero... ¿contento?


Cada vez digo lo mismo: "No vuelvo al Rocío en Romería"... pero regreso. Realmente no se qué me lleva a la aldea almonteña o me provoca añoranza cuando no estoy allí por Pentecostés, porque salgo realmente hastiado de lo que no me gusta. No vuelvo contento.

Volver cansado es normal, pero el amargor en el paladar es el recuerdo que me queda de una romería cada vez más vacía. Y no me refiero a menos gente -que también- sino de sentido en los que allí nos congregamos.

Aunque cuando se acerque el próximo Pentecostés, no se que me pasa, pero notaré una nostalgia de las romerías vividas y un impulso a ponerme en camino. Quizás voy empezando a amar El Rocío, precisamente por lo que no me gusta de él: ¿misterium fidei?

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